¿Amor o Dependencia Emocional?


Todos alguna vez, al sentirnos enamorados, hemos experimentado que la felicidad brota por cada poro de la piel y nuestros pensamientos se centran todo el tiempo en la persona de nuestros sueños... Ése es el lado lindo del amor. Pero también existe un lado oscuro, que es la falta de la perspectiva de la realidad que normalmente acompaña esta primera etapa del enamoramiento. En esos momentos difícilmente podemos reconocer los errores o defectos de la persona; es más, ¡hasta llegamos ver sus defectos como virtudes! "El amor es ciego", dicen por ahí... Pero bueno, hasta ahí normal, lo usual es que el estado emocional de la pareja vuelva "a su nivel" con el paso de las semanas y la relación evolucione sin mayores complicaciones. Pero para que sea así, ésta debe permitirle a ambos crecer tanto a nivel individual como en pareja y contar con cuatro ingredientes básicos para poder sostenerse y crecer de una manera sana: El Amor, la Confianza, el Respeto y la Aceptación mutua. Si esta fórmula se da, la relación tendrá un buen pronóstico. Sin embargo, cuando una persona al iniciar una relación tiene la Autoestima baja y no confía en sí misma, no se siente importante ni suficiente para nadie y siente mucha ansiedad ante la idea de no encontrar otra pareja si termina con la relación, es alguien muy vulnerable de generar una Dependencia Emocional.

Pero ¿Qué es la Dependencia Emocional?

La Dependencia Emocional es en cierta forma una forma de adicción hacia otra persona. Cuando uno sufre dependencia se genera una necesidad tóxica hacia el otro, se renuncia a la libertad y se inicia un camino tortuoso, en el que por cada minuto de falsa felicidad, la persona pasa horas interminables de sufrimiento. Afortunadamente, existe una serie de síntomas por los que podemos darnos cuenta si estamos entrando a una relación de Dependencia Emocional o si, por el contrario, empezamos a ser víctimas de un Dependiente Emocional. Estos signos de alerta pueden resumirse en los siguientes:


  • Nos damos cuenta que la pareja se convierte en el centro de nuestra vida, de nuestros pensamientos y de nuestras preocupaciones.

  • La vida social puede llegar a restringirse. Se van dejando amigos de lado, seres queridos... Aunque el otro, a menudo, sigue con su vida de amigos y demás.

  • Se producen sentimientos de pánico ante la idea de que el otro nos abandone.

  • Se deja de ser uno mismo, de comportarse de acuerdo con nuestra propia personalidad para gustarle más al otro, incluso se puede llegar a hacer cosas que jamás nos habríamos imaginado, con tal de no perder al otro.

  • La relación nos genera ansiedad, no dormimos bien por las noches; a menudo tenemos ganas de llorar desconsoladamente y sintiendo una gran impotencia por la misma situación.

  • Sentimos gran inseguridad, manifestada en la necesidad de que el otro que nos dé más muestras de que estar enamorado; interpretamos con angustia cualquier detalle o palabra, con pensamientos como “seguro ya no me quiere". De igual forma, sentimos el deseo de que en todo momento la pareja esté con nosotros, que nos haga sentir constantemente que “somos su prioridad”. Puede darse inclusive la necesidad de tener el control absoluto del otro y esto lleva a discusiones en la relación, dándose constantes rupturas y reiteradas reconciliaciones, siempre volviendo con los mismos propósitos de cambio una y otra vez, aunque por supuesto, no cambia nada.

  • El dependiente emocional suele tener un historial de relaciones de pareja desequilibradas, en las que aporta

mucho más que el otro; por lo tanto, vive en la eterna falta de correspondencia, con todo lo que esto supone.

  • La persona dependiente, en realidad no acepta cómo es el otro, ya que le hace sufrir mucho su manera de ser y comportarse, por su personalidad... pero aun así no quiere dejar de luchar, bajo la falsa ilusión de que un día "cambie". Somos conscientes de que estamos estancados y aun así seguimos luchando bajo una oculta y falsa "esperanza".

  • Muchas veces hay maltrato psicológico (a veces, incluso, puede ser físico). No se da en el 100% de los casos, pero en muchos de ellos hay implícito un maltrato psicológico que se hace bastante evidente cuando en una terapia se empieza a analizar y profundizar en los detalles de la relación. Debido a este maltrato, desaparece el Respeto, lo que hace que la persona dependiente vaya perdiendo la poca Autoestima que le quedaba y dependiendo más del otro, enganchándose en un círculo vicioso del cual es muy difícil salir. Cuando esto sucede, la ayuda terapéutica se hace imprescindible.


El Síndrome de Abstinencia tras la Ruptura



Como mencionaba al inicio, el dependiente tiene un temor extremo a quedarse "solo". Cuando se produce una ruptura, sea temporal o definitiva, experimenta el consecuente "síndrome de abstinencia", llamado así por analogía a las adicciones a las drogas. Este realmente supone el padecimiento de un trastorno que variará según la persona y según la intensidad, pero que de manera habitual es una depresión muy fuerte con pensamientos repetidos y angustiosos en torno al tema de la relación perdida y todo lo que ello conlleva: recuerdos, remordimientos por supuestos errores cometidos, planes para reanudar la pareja, etc.


El golpe psicológico es tan fuerte que la persona sufre síntomas de ansiedad intensos que impiden la concentración y se manifiestan en molestias físicas o sensaciones muy desagradables, y hasta en pensamientos sobre el poco sentido que tiene la vida que pueden derivar en ideas suicidas.


Como en el síndrome de abstinencia lo que domina es el deseo de retomar la relación, sobrevienen ideas continuas de, con cualquier excusa, contactar con la otra persona para no tener la sensación de pérdida o de desaparición definitiva. A veces, estas excusas se las da el individuo a sí mismo en forma de auto engaño, por el que uno se auto convence de que no pasa nada por llamar a la ex pareja ya que se puede tener una "simple amistad", o de que sólo se está contactando con el otro para "decirle sus verdades". Y es increíble cómo todo el padecimiento tremendo de este síndrome desaparece con una simple llamada de la otra persona. Donde había lágrimas, ansiedad y desesperación, se pasa a la tranquilidad total. Pues bien, precisamente el hecho de sentir el alivio de los síntomas, hará que, ante la próxima ruptura o pelea, el dependiente presente la misma conducta compulsiva y descontrolada de contactar a la pareja, contribuyendo al círculo vicioso de la Dependencia Emocional.


La buena noticia es que la Dependencia Emocional se puede tratar y superar tras un proceso psicoterapéutico, de modo que podamos conocer y vencer los factores que la generan y mantienen, iniciando así una nueva etapa emocional de relaciones libres y saludables, mutuamente complementarias y no limitantes.


Psic. Mariela Zambrano

Psicoterapeuta Cognitivo Conductual

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